miércoles, 20 de octubre de 2010

Equipo casi confirmado ante Cipolletti el domingo


Espera por Cipolletti, uno de los escoltas, con equipo casi confirmado. Pirez recupera a tres jugadores y busca un triunfo para subir en la tabla.

En condiciones de reaparecer está Daniel González, Dante Zuñiga y Jonhatan García (suspensiones cumplidas), mientras que Mauricio Lepor´s y el arquero Roberto Lacerre (lesionados), deberán continuar su recuperación.

De todas maneras es un alivio para el técnico Juan Carlos Pirez, quien desde hace cuatro fecha no ha podido conformar el equipo que se considera titular y en esta oportunidad, de no aparecer ninguna novedad, estaría bastante cerca de lograrlo.

Rivadavia enfrenta el domingo 16,30 a Atlético Cipolletti Lincoln.

Fuente Consultada: http://www.soloascenso.com.ar

Sin invicto de local


Villa Mitre tiene otro aura. De aquel oscuro y apagado del arranque del campeonato, con derrotas y rojas, a este luminoso y con buenos presagios para el futuro. Ante Rivadavia, el conjunto tricolor tenía que ratificar la racha y lo logró.

Mostró su mejor versión en el complemento y le alcanzó para llevarse tres puntos de visitante, lo que no es poco. Un 2-0 para seguir construyendo el objetivo de pelear el grupo clasificatorio bien arriba.

Como Rivadavia, que ya no es el de otros torneos, no lastimó en la primera mitad, la escuadra villamitrense se animó a más en los segundos 45 minutos. Sonó el despertador en el entretiempo, Benet le cambió la fisonomía al equipo y así salió a quemar las naves.

Dejó de lado la especulación del primer tiempo --donde apenas hubo una ocasión por bando-- y se plantó más adelante.
El pibe Bilbao tuvo su chance y, si bien la dilapidó, Villa Mitre comenzó a mostrar que había dejado de lado la pasividad del segmento anterior.

El trámite se abrió más. Los dos arriesgaron, pero el que pegó primero fue la visita. Y en este fútbol actual, casi siempre, el que pega primero pega dos veces.
Berra remontó vuelo por derecha, metió el freno de mano y cruzó la pelota hasta el vértice del área chica. Allí estaba Carrillo, quien ni lento ni perezoso madrugó a Draghi. Primero lo aguantó, después giró y finalmente sentenció. A lo Carrillo: oficio puro.

Rivadavia sintió el impacto, pero Pires movió el tablero y se empezó a jugar con mucha gente en tres cuartos de cancha hacia adelante. Para entonces Aguirre ya no tenía tantos espacios (Rogelio Martínez y Schumacher crecieron en la contención) y sólo Roca salió a vender cara la derrota. El Pelado defensor albirrojo se desdobló en sus funciones, marcó y empujó. Pero chocó contra Cabral y compañía.

Los minutos comenzaron a jugar como aliados de la escuadra bahiense, que sufrió un par de sofocones, pero ningún incendio. Y ante tanta presencia ofensiva del local, Benet no tardó en leer el partido y su equipo pasó a defender con dos líneas de cuatro.

Recién sobre el filo del encuentro, al pibe Visser le quedó una pelota del cielo tras varios rebotes, pero no calibró la mira y la visita se salvó.
Con el anfitrión jugado (incluso su arquero fue a cabecear al área ajena), Lucas López encontró tiempo y espacios para armar la contra sobre la derecha. Le puso un pase milimétrico en la cabeza a Domínguez y éste asistió al Colo Schumacher, quien puso quinta y liquidó de derecha.

Así, con dientes apretados y muy concentrado, Villa Mitre le bajó la persiana al cotejo.
Ganó afuera, creció colectivamente y se prendió arriba. El tricolor goza de buena salud y respira aliviado.

Fuente Consultada : http://www.lanueva.com

El futuro ya llego en Rivadavia


Juega con lo que tiene. Es lo que hay y en cada presentación pone lo mejor que tiene a disposición. A veces esperando hasta último momento para ver la mejor opción y siempre resolviendo problemas que no se esperaban. A Juan Carlos Pirez las semanas le juegan una mala pasada y de cara a cada presentación debe armar lo que puede. Casi nunca lo que quiere y casi siempre lo que tiene a mano.

Es la realidad que hoy vive Rivadavia, que luego de la severa crisis financiera debió reacomodar todo para inclinarse por un plantel muy corto (con no más de 12 jugadores de la categoría con partidos encima) y con muchos juveniles adelantando algunos tiempos lógicos de crecimiento.

El resultado se refleja en este comienzo, en donde Rivadavia propone y busca, pero le cuesta horrores poder dominar los partidos como históricamente lo hizo. Tiempo, simplemente eso.
Para colmo, las lesiones atentan con esta saludable idea de jugar con “lo nuestro”. Y lo nuestro es lo que se aplaude. Se aplaude el esfuerzo de Lucas Macías, la aparición de Carlos Sosa, el atrevimiento de Brian Visser y la picardía de Marcelo Quiroga. Se aplaude la estampa de Lucas Vesco, la realidad e Mauricio Le Pors y Jonatan García, los minutos de Ale López o Maxi Bártoli, se aplaude que el proyecto dé sus frutos y se aplaude el riesgo que se corre.

No gana quien no arriesga. Es cierto que se extrañan mucho las figuras de Leandro Schiavi y Gonzalo Gho, que se lamenta las lesiones de Juan Pablo Manzoco y Cristian Draghi, que aún falte una carta goleadora.

Todo es cierto, en Rivadavia todo es cierto. Los problemas para armar el plantel, la situación económica, el torneo competido, las distancias, el presupuesto actual. Todo es cierto: el laburo en serio de técnicos y preparadores físicos, la magia que hace el DT para armar los equipos, el esfuerzo de los directivos para llevar de cerca los sueldos, el lamento por los varios futbolistas propios que ya no están. Todo es cierto. Rivadavia está en un momento de cambios, con un plantel cortito y no siendo menos que nadie.

Todo es cierto. Rivadavia está hoy tan cerca del descenso o promoción como de clasificar en el tercer lugar. Todo es cierto. Rivadavia está como puede en una categoría que no perdona. En una categoría en donde todos gastan más que el doble (a veces tres y otras cuatro) que el Albirrojo, en un categoría con jugadores diferentes, en una categoría con equipos muy grandes, en una categoría con un formato de campeonato inentendible.

Todo es cierto. Rivadavia está peleando, luchando, metiendo. En la cancha jugando más que en otros años, con muchas caras chicas que muestran su temple. Todo es cierto, a los juveniles hay que apoyarlos porque ellos son el futuro. Hoy una realidad, un presente. Pero también el futuro. A no olvidar. Todo es cierto. Y a apoyar. Porque todo es cierto. Rivadavia lo sabe. Por eso trabaja semana a semana. Aplausos. En serio.

Juega con lo que tiene. Es lo que hay y en cada presentación pone lo mejor que tiene a disposición. A veces esperando hasta último momento para ver la mejor opción y siempre resolviendo problemas que no se esperaban. A Juan Carlos Pirez las semanas le juegan una mala pasada y de cara a cada presentación debe armar lo que puede. Casi nunca lo que quiere y casi siempre lo que tiene a mano.

Es la realidad que hoy vive Rivadavia, que luego de la severa crisis financiera debió reacomodar todo para inclinarse por un plantel muy corto (con no más de 12 jugadores de la categoría con partidos encima) y con muchos juveniles adelantando algunos tiempos lógicos de crecimiento. El resultado se refleja en este comienzo, en donde Rivadavia propone y busca, pero le cuesta horrores poder dominar los partidos como históricamente lo hizo. Tiempo, simplemente eso.

Para colmo, las lesiones atentan con esta saludable idea de jugar con “lo nuestro”. Y lo nuestro es lo que se aplaude. Se aplaude el esfuerzo de Lucas Macías, la aparición de Carlos Sosa, el atrevimiento de Brian Visser y la picardía de Marcelo Quiroga. Se aplaude la estampa de Lucas Vesco, la realidad e Mauricio Le Pors y Jonatan García, los minutos de Ale López o Maxi Bártoli, se aplaude que el proyecto dé sus frutos y se aplaude el riesgo que se corre. No gana quien no arriesga. Es cierto que se extrañan mucho las figuras de Leandro Schiavi y Gonzalo Gho, que se lamenta las lesiones de Juan Pablo Manzoco y Cristian Draghi, que aún falte una carta goleadora.

Todo es cierto, en Rivadavia todo es cierto. Los problemas para armar el plantel, la situación económica, el torneo competido, las distancias, el presupuesto actual. Todo es cierto: el laburo en serio de técnicos y preparadores físicos, la magia que hace el DT para armar los equipos, el esfuerzo de los directivos para llevar de cerca los sueldos, el lamento por los varios futbolistas propios que ya no están. Todo es cierto. Rivadavia está en un momento de cambios, con un plantel cortito y no siendo menos que nadie.

Todo es cierto. Rivadavia está hoy tan cerca del descenso o promoción como de clasificar en el tercer lugar. Todo es cierto. Rivadavia está como puede en una categoría que no perdona. En una categoría en donde todos gastan más que el doble (a veces tres y otras cuatro) que el Albirrojo, en un categoría con jugadores diferentes, en una categoría con equipos muy grandes, en una categoría con un formato de campeonato inentendible.

Todo es cierto. Rivadavia está peleando, luchando, metiendo. En la cancha jugando más que en otros años, con muchas caras chicas que muestran su temple. Todo es cierto, a los juveniles hay que apoyarlos porque ellos son el futuro. Hoy una realidad, un presente. Pero también el futuro. A no olvidar. Todo es cierto. Y a apoyar. Porque todo es cierto. Rivadavia lo sabe. Por eso trabaja semana a semana. Aplausos. En serio.

Juega con lo que tiene. Es lo que hay y en cada presentación pone lo mejor que tiene a disposición. A veces esperando hasta último momento para ver la mejor opción y siempre resolviendo problemas que no se esperaban. A Juan Carlos Pirez las semanas le juegan una mala pasada y de cara a cada presentación debe armar lo que puede. Casi nunca lo que quiere y casi siempre lo que tiene a mano. Es la realidad que hoy vive Rivadavia, que luego de la severa crisis financiera debió reacomodar todo para inclinarse por un plantel muy corto (con no más de 12 jugadores de la categoría con partidos encima) y con muchos juveniles adelantando algunos tiempos lógicos de crecimiento.

El resultado se refleja en este comienzo, en donde Rivadavia propone y busca, pero le cuesta horrores poder dominar los partidos como históricamente lo hizo. Tiempo, simplemente eso.
Para colmo, las lesiones atentan con esta saludable idea de jugar con “lo nuestro”. Y lo nuestro es lo que se aplaude. Se aplaude el esfuerzo de Lucas Macías, la aparición de Carlos Sosa, el atrevimiento de Brian Visser y la picardía de Marcelo Quiroga. Se aplaude la estampa de Lucas Vesco, la realidad e Mauricio Le Pors y Jonatan García, los minutos de Ale López o Maxi Bártoli, se aplaude que el proyecto dé sus frutos y se aplaude el riesgo que se corre. No gana quien no arriesga.

Es cierto que se extrañan mucho las figuras de Leandro Schiavi y Gonzalo Gho, que se lamenta las lesiones de Juan Pablo Manzoco y Cristian Draghi, que aún falte una carta goleadora. Todo es cierto, en Rivadavia todo es cierto. Los problemas para armar el plantel, la situación económica, el torneo competido, las distancias, el presupuesto actual.

Todo es cierto: el laburo en serio de técnicos y preparadores físicos, la magia que hace el DT para armar los equipos, el esfuerzo de los directivos para llevar de cerca los sueldos, el lamento por los varios futbolistas propios que ya no están. Todo es cierto. Rivadavia está en un momento de cambios, con un plantel cortito y no siendo menos que nadie. Todo es cierto. Rivadavia está hoy tan cerca del descenso o promoción como de clasificar en el tercer lugar. Todo es cierto.

Rivadavia está como puede en una categoría que no perdona. En una categoría en donde todos gastan más que el doble (a veces tres y otras cuatro) que el Albirrojo, en un categoría con jugadores diferentes, en una categoría con equipos muy grandes, en una categoría con un formato de campeonato inentendible. Todo es cierto. Rivadavia está peleando, luchando, metiendo. En la cancha jugando más que en otros años, con muchas caras chicas que muestran su temple.

Todo es cierto, a los juveniles hay que apoyarlos porque ellos son el futuro. Hoy una realidad, un presente. Pero también el futuro. A no olvidar. Todo es cierto. Y a apoyar. Porque todo es cierto. Rivadavia lo sabe. Por eso trabaja semana a semana. Aplausos. En serio.

Fuente Consultada http://www.lapostadelnoroeste.com.ar

En Tandil Rivadavia perdio con Santamarina


No hay caso, este Rivadavia no puede aguantar un resultado. Le cuesta horrores poder mantener su arco en cero, le cuesta mucho poder hacer goles y le cuestas una enormidad sumar puntos. Sobre todo fuera de casa. Ayer, en Tandil, el equipo de Pirez comenzó ganando, pero en sólo seis minutos Santa se lo dio vuelta.

Rivadavia no puede defender un resultado y lo paga caro, a puras derrotas.Los problemas habituales a esta altura del torneo aparecieron en la previa del choque ante Tandil. Ale Aguirre recibió un golpe en el gemelo el jueves y el sábado a la mañana fue descartado. Por eso, Pirez debió modificar el esquema a último momento, corrió a Esterlus a la derecha, armó un doble cinco con Sosa de volante izquierdo y apostó a dos delanteros netos: Visser y Felice.

Es decir que Pirez puso un 4-4-2 que a veces se hizo 4-3-3. Sobre todo cuando el Ave salía de su lugar de volante para atacar como punta neto. Este dibujo hizo de Rivadavia un equipo con ambición.

La idea en la semana fue salir a jugar en Tandil con ansias de triunfo y con ese objetivo se plantó en el campo.
Por su parte, el local también plantó un equipo con pretensiones con Ortiz como enganche y dos delanteros bien de punta. Por eso, el partido tuvo llegadas en los primeros 45. Las de Santamarina más claras, pero las de Rivadavia fueron peligrosas. Sobre todo con esa de Agustín que el arquero Fernández tapó con la pierna cuando parecía que terminaba en gol.

Pero Santa tuvo tres muy buenas, dos de ellas con Brittes, que fue el punta más peligroso del comienzo. Rivadavia se equivocó dos veces en el fondo, marcó mal y el local casi lo aprovecha. Lacerre una vez y dos malas definiciones aurinegras dejaron el arco de Roberto en cero. Y las aspiraciones visitantes intactas.

El complemento tuvo un cambio en la visita. Ale López para abrir bien el sector izquierdo con el claro objetivo de tener más profundidad. Es que Santamarina cuando se adelantaba dejaba algunos huecos que Pirez trató de atacar. A esa altura, Visser ya era un enganche y Esterlus un delantero. Se plantó el DT Albirrojo para golpear y llegar. Porque, además, se adelantó varios metros en el campo, entonces presionó más arriba y recuperó más cerca de Fernández.

Un buen combo como para tratar de llegar al gol. Sin embargo, la primera clara fue del local. Primero con un centro que Vesco rechazó, pero la pifia hizo estrellar la pelota en el travesaño. Y luego, con el rebote servido, pero con García definiendo como este cronista. El resultado tuvo a la pelota viajando por los aires y Lacerre respirando con alivio.
Ese sacudón animó a la visita. Santa fue y buscó y Rivadavia debió contener. En el intento, el Turco García lo bajó a Maldonado y vio la quinta tarjeta amarilla, por lo que no jugará ante Villa Mitre.

Los de Daguerre estaban pasando un buen momento y Lacerre debió responder a un remate de Velerio. Y luego hacer vista cuando Brittes aprovechó un increíble quedo defensivo para cabecear solito al gol. Nada que hacer para el Uno, aunque la pelota se fue apenitas. El partido estaba muy entretenido porque los dos buscaban. Es cierto que a la visita le faltaba siempre una para llegar hasta Fernández y que Santa disponía de las mejores opciones; pero, en definitiva, el encuentro regalaba buenas acciones.

Brittes era una pesadilla para el fondo visitante que no podía marcarlo. A pesar de eso, los de Pirez ilusionaban cuando podían pasar en velocidad al ataque. Y así tuvo sus opciones, como el remate de Zúñiga que exigió a Fernández a realizar una atajada monumental. Cualquiera podía llegar al gol, porque, en general, se atacaba mejor de lo que se defendía. Aunque sin contundencia. Pirez puso más vértigo con Quiroga por Felice, en una clara muestra que la velocidad era el camino que Rivadavia iba a buscar.

La idea era recuperar y romper a pura corrida, inclusive dejando la contra como una opción potable para Santa. Pero la idea era atacar con todo. Y así llegó la apertura. Centro, mil rebotes y Esterlus definiendo entre un millón de piernas. Gol y 25 minutos para tratar de aguantarlo. Porque Santamarina se fue con todo y Rivadavia debió defender como sea. Cabeceando, metiendo, corriendo y soñando con alguna contra.

Aunque la prioridad era defender, algo que, en definitiva, Rivadavia no pudo hacer. Porque, a los 32, Farías empató, situación que ya se veía venir, ya que antes Brittes se había perdido un gol increíble. El local era más y la igualdad estaba bien. Así que el panorama era más oscuro para el Rojo, ya que Santa seguía buscando y la visita no encontraba solvencia defensiva. Otra vez el problema para aguantar un resultado y un final de partido muy desfavorable, porque Santamarina llegaba cómodo y con mucha gente.

Por eso tampoco extrañó el segundo, con la obviedad de Brittes como autor material. El coraje de uno, la inoperancia del otro para defenderlo y un resultado con total justicia. Rivadavia trató de volver a atacar, pero ya no tenía ni fuerzas ni ideas. Todo se había resumido al aguante luego del gol de Esterlus, aguante que jamás existió. Y flaquezas defensivas que siguen dejando a Rivadavia sin puntos que se van a necesitar. Ah, encima a los 40 le mostraron la quinta amarilla a Zúñiga.

Fuente Consultada: http://www.lapostadelnoroeste.com.ar

El sur no le sienta bien al albirrojo


Otra vez dos a cero. Ese parece ser el resultado maldito que Rivadavia no puede romper. Y eso que ayer se puso el overol y lo trabajó desde que se acomodó en cancha, allá por los 10 minutos del arranque. Brown propuso un juego arriesgado, yendo al frente con mucha gente. Rivadavia apostó a plantarse y a jugar de igual a igual. Pero cuando fue más cayó en desgracia. Es que cada vez que tenía las riendas, los de Madryn golpearon y duro: fue un 2 a 0 en el sur, que quedó demasiado holgado en un trámite que tuvo al conjunto de Pirez como protagonista.El conjunto de Puerto Madryn apretó fuerte.

Brown salió con todo a quemar las naves y al primer minuto ya había capitalizado su primer corner. Con 4 jugadores permanentemente a la ataque llegó con un centro desde la derecha y Benito lo erró por muy poco cuando conectó la pelota de cabeza y se fue por afuera.Las chispas se hicieron sentir en los primeros cuatro minutos, cuando Rivadavia comenzaba a asentarse en el campo de juego. Y a partir del asedio, el Albirrojo bajó los nervios que le provocó el ataque de Brown y empezó a delinear su juego con una defensa bien plantada, donde Cristian Roca, Lucas Vesco, Cristian Draghi y Eduardo Bissio contuvieron las primeras llegadas, intentando salir con Zúñiga, que proponía el juego corto y asociado.

Con Carlos Sosa jugando como si fuera un puntero y con los de Madryn jugando con una línea de tres que dejaba muchos huecos, a los 12 minutos el “Ave” Esterlus cazó un centro y tuvo una clara que se complicó en sus propios pies, cuando tardó una eternidad en darse vuelta y decretar la caída del cero.
Pero el partido se vio demorado por varios minutos, cuando el árbitro advirtió un fuerte estruendo y que Roberto Lacerre estaba en el suelo. Rápidamente el hombre de negro se acercó al área y frenó el juego a la espera de la recuperación del “Uno” de Rivadavia, que había quedado aturdido por un mortero arrojado desde la parcialidad de Brown.

Cuando se reanudó el juego, unos tres minutos más tarde, el trámite siguió con el mismo ritmo intenso. Con la pelota jugada sobre la derecha del ataque de Rivadavia, con un local que propuso un poco más de dominio, el juego era emotivo, con una pelota bien tratada y creando asociaciones a pesar de las imprecisiones lógicas de un partido que en la previa marcaba lo que el juego proponía: la búsqueda constante desde los dos equipos.

El conjunto de Pirez salió con un claro 4-1-4-1, una formación conocida por los futbolistas. En esta lógica, el juego de Sosa fue muy ingenioso, ya que logró ganar la espalda de la defensa para lograr el centro atrás o aguantar la descarga. Para la difícil parada, el DT linqueño paró a Cristian Roca, Lucas Vesco, Cristian Draghi y Eduardo Bissio en el fondo; Carlos Sosa jugando como punta; Agustín Esterlus, Jonatan García, Dante Zúñiga, Alejandro Aguirre en la distribución en los tres cuartos de cancha y Leonel Felice buscando en el ataque.

Por su parte, Sialle dispuso el equipo con Sebastián Pereyra en el arco; la línea de tres defensores formada por Marcos Del Cero, Nicolás Ballestero y Silvio Giovenale. Cuatro jugaron en el medio: Gastón Bottino por derecha; Walter Aciar y Maximiliano Zbrun como volantes centrales y Adrián Benito como carrilero por izquierda. Y tres dispuso en el ataque: “El Rayo” Fernández, Juan Manuel Tévez y Diego Giménez.

Con los esquemas en el tablero y teniendo mucho menos tiempo la pelota, Rivadavia generó más situaciones que los de Madryn. A los 24 minutos, y tras una pelota llovida en el área, Esterlus la peinó en el punto de penal y Lucas Vesco, que acompañó el ataque, la cabeceó con un buen gesto técnico haciendo que el esférico tocara el palo y saliera de la cancha.
Pero “La Banda” jugó muy bien en el ataque. De tres cuarto de cancha, las combinaciones entre Bottino, Benito, Fernández, Tévez y Giménez complicaron el resistente muro que llevó el Albirrojo a tierras sureñas.

Y en ese punto alto que presentaron los locales, fue que a los 34 Tévez puso un pelotazo desde 20 metros a los pies de Giménez –que ya le había ganado la marca a Lucas Vesco- que entró al área y quedó solo contra Lacerre, que salió al achique, y que definió con un toque sutil al palo derecho. Fue gol para “La Banda” y en ese momento del juego el marcador ponía una cierta, aunque leve, justicia para el lado de los locales que insistieron un poco más, aunque no fueron tan claros como Rivadavia.

A pesar del golpe sobre el final de la primera parte, Rivadavia no resignó fútbol y siguió buscando. Propuso un juego un poco más pausado y sin enfriar el ritmo, intentó con más paciencia e ideas que ímpetu. Y en esa búsqueda del juego asociado fue que Esterlus, a los 40, tuvo una en el área, que volvió a desperdiciar de cabeza, al mal conectar la pelota. Pero Rivadavia mostró querer y poder llegar cuando se lo propuso.

El segundo tiempo empezó con un poco menos de Brown, que decidió esperar el avance de Rivadavia. Y el conjunto de Lincoln no se hizo esperar, ya que ni bien reanudado el juego, Felice encontró el espacio y le dio fuerte a la pelota que se fue por arriba del travesaño.
Tanto en el complemento como en la primera etapa, el juego de Zúñiga fue determinante. Ya que no sólo aportó precisión, sino que desde sus pies salieron la mayoría de las ideas que tuvo Rivadavia en ataque y la pausa que necesitó cuando tuvo que jugar la pelota hacia atrás para volver a empezar.

Rivadavia, que tenía más libertades en el centro de la cancha, a los 15 minutos insistió nuevamente con Zúñiga: el mediocampista levantó un centro al área que no alcanzó a conectar el Tanque Felice, y sí Esterlus, que le dio de lleno con la cabeza, aunque la pelota se fue desviada.

A los 20 minutos la victoria de los locales parecía efímera, porque el conjunto de Pirez había encontrado el ritmo de juego y tenía controlada la mitad de chancha. García, Sosa y Zúñiga eran siempre buena opción y salida rápida para Felice y Esterlus, que se mantuvieron expectantes ante una defensa que tuvo una muy buena tarde.
La libertad que tuvo Rivadavia en la mitad de cancha le permitió opacar a los locales, aunque esta situación no fue capitalizada y hecha gol por los linqueños. La entrada de Quiroga por Felice en busca de otra opción ofensiva fue tapada por la línea de cinco que puso el DT de Madryn. Y el

Albirrojo tuvo que pasar a la otra opción, ya que no pudo entrar por los costados y por el frente, por eso a los 35 García le pegó un zapatazo desde afuera del área que pasó muy cerca del palo derecho de Pereyra, que vio pasar de lejos lo que, casi de milagro, no fue el empate.
Jugando con el corazón y el alma, los dirigidos por Pirez generaron en tres minutos, tres situaciones clarísimas desde afuera, que, claro está, le faltaron la fineza justa: Sosa probó por la izquierda y la bocha salió sobre el vértice derecho; otra vez García le dio de frente y la sacó Ballestero, que estaba pegado al palo y la última fue la de Esterlus, que aprovechó a un Pereyra adelantado que alcanzó a controlar el esférico en dos tiempos.

Pero a los 38 y otra vez el 9 de Brown mató las ilusiones de Rivadavia que era justamente mejor. En un contragolpe a gran velocidad, Fernández sacó el centro bajo y Giménez, que otra vez había ganado la espalda de la defensa, puso la punta del botín para cambiarle la trayectoria a la pelota, que entró al arco y decretó el segundo gol para los sureños.

El golpe final de los locales dejó sin aire al partido. Sin embargo, Rivadavia no bajó los brazos y siguió apretando, ante un Brown que apostó a su oficio y a cerrarse en su área. Y con los de Madryn escondidos en su arco, los centros llovieron de montones. Pero a esa altura era claro que la suerte no estaba del lado de los de Pirez. El partido terminó con un marcador holgado, algo que no se vio en el trámite del partido.

Porque a pesar de la derrota, Rivadavia, que en la previa se prestaba a ser un equipo defensivo, terminó apretando al rival, mostrando buen fútbol, adueñándose de la pelota. Sin embargo careció de la tranquilidad para el punto final y eso costó caro, ante un rival que hizo pesar su oficio ofensivo y cuando le tocó, se acomodó atrás ante un Rivadavia que, hasta el segundo final, intentó jugar de igual a igual.

G. Brown de Madryn 2
Sebastián Pereyra, Marcos Del Cero, Nicolás Ballestero, Silvio Giovenale, Gastón Bottino, Walter Aciar, Maximiliano Zbrun, Adrián Benito, Mauro Fernández, Juan M. Tévez y Diego Giménez. DT: Arnaldo Sialle.

Rivadavia 0
Roberto Lacerre, Cristian Roca, Lucas Vesco, Cristian Draghi, Eduardo Bissio, Carlos Sosa, Agustín Esterlus, Jonatan García, Dante Zúñiga, Alejandro Aguirre y Leonel Felice. DT: Juan C. Pirez.

Goles: Giménez x 2 (GBM)
Suplentes Rivadavia: Pedro Recarey, Lucas Macías, Maximiliano Bártoli, Miguel Campos, Alejandro López, Brian Visser y Marcelo Quiroga.

Fuente Consultada :http://www.lapostadelnoroeste.com.ar